12 October, 2007

Bienvenidos a McChé!

El “chancho” fue el apodo de juventud de un desaseado Ernesto Guevara, joven de clase acomodada que pasó su juventud entre Buenos Aires y Caraguatay, una localidad argentina de la provincia de Misiones.

Su adolescencia estuvo marcada en parte por su hipersexualidad, un intento de probarse a si mismo, a ellas y a sus amigos que podía estar con cualquier mujer. En ese entonces, no gozaba con ese marcado carisma que el día de hoy pone su nombre en un sitial importante dentro de la escena sudamericana y mundial.

Pero gran parte de la historia que se llevó acabo como parte del movimiento revolucionario que pretendía liberar a Cuba del poderío de Batista ha sido re-descubierta o re-difundida, con fines poco claros que pueden llevarnos a bastantes conclusiones.

La primera de ellas es la fragilidad histórica o mental que sufren los pueblos a medida que pasan los años. Al igual que los mitos religiosos, los años validan creencias y supersticiones que se acicalan en el inconsciente colectivo a veces incluso, de maneras peligrosas. 1954 fue el año decisivo: Fidel Castro, que aún no se definía por el marxismo-leninismo, había formado a un grupo del que Ernesto también participaría para liberar a Cuba e iniciar una revolución social. A pesar de los múltiples errores que cometió el batallón –como equivocarse en los desembarcos, las náuseas y el hambre que pasaron los 82 hombres que componían el batallón y ser emboscado en más de una ocasión por la fuerza militar predominante- Guevara y Castro lideraron a los que quedaban, cerca de 17 guerrilleros más algunos campesinos atravesando la Sierra Maestra y al final, obteniendo el control de Cuba.

Guevara estableció para Cuba un concepto primordial que hasta el día de hoy prima en Cuba y ha sido adoptado por Venezuela en la actualidad –de manera insulsa y poco justificada- que es “Estados Unidos es el enemigo”. La colonización territorial y cultural de norteamérica en los ’50 estaba en uno de sus apogeos, el control que trataba de imponer el imperio contemporáneo en los países menos desarrollados a través de múltiples intervensiones militares era y es, una justificación razonable y digna.

De vuelta en Cuba y con Guevara –que ya había sido apodado “Che” por su ascendencia argentina- como presidente del Banco Nacional para luego ser el ministro del INRA (Ministerio de Industrialización) las cosas habían cambiado. Los seguidores que dejó Batista fueron perseguidos y fusilados. Todas las muertes, que registran cerca de mil, fueron justificadas ante una reunión de la ONU donde Guevara anunció que los fusilamientos eran reales y seguirían ocurriendo.

El resto de la historia ya es más que conocida: Guevara muere en el ’67 por órdenes de Félix Rodriguez, agente anticastrista de la CIA y Fidel Castro se hace con el poder de Cuba.

Una vez que muere el Che, se considera una pequeña victoria para Estados Unidos que había descarrillado uno de los vagones del tren de la revolución. Fidel se hizo con el poder total, la calidad de vida Cubana es precaria y se enmarca como uno de los pocos países con economías cerradas que llama la atención por sus subsistencia. Cuba quedó definitivamnete marcada por el hálito revolucionario que muchos ahora detestan.

El Che por otro lado, se convirtió en un producto de exportación cultural. Estados Unidos recaudó millones de dólares con películas como “Che” protagonizadas por Omar Sheriff o “Diarios de motocicleta” producida por Robert Redford. Otras películas que lo mencionan son Evita, además de dos películas que están por estrenarse: “Guerrilla” y “El Argentino”, ambas dirigidas por Steven Soderbergh.

En Buenos Aires, el 95% de quioscos y pequeñas tiendas de souvenirs tienen marcadamente sólo dos imágenes: la de Homero Simpson y la de Ernesto Guevara. Por solo $1.500 en nuestro país podemos acceder a una polera con la mítica cara del libertador Cubano, foto accidental tomada por Alberto Korda y que es una de las imágenes más reproducidas en todo el mundo.

El Che Guevara radicalmente no ganó una revolución. Fue sólo un actor más en la sociedad con cualidades extraordinarias que jamás imaginó que el país que tanto defendía terminaría el día de hoy bajo el mandato estéril de un anciano guerrillero que lidera sin rumbo una empresa que asumió el ‘54.

Al igual que Jesucristo, el Che Guevara se transformó en un semi dios a sólo 40 años de su muerte y los nuevos materiales bibliográficos muestran que no sólo tenía gran carisma, sino que también una extraña afición por la muerte, un sentido estricto de la vida que no es considerado en el mundo occidental como señal de buen camino.

Independiente de su vida azarosa y de sus aventuras maximizadas cinematrográfica y literariamente, el Che Guevara es más que nada un ícono de la cultura pop que un guerrillero libertador. Acomodó leyes, fusiló e inventó esclavizantes sistemas de trabajo que hoy tienen a Cuba en un sitial importante dentro de los países más subdesarrollados de todo el planeta.

09 October, 2007

Creencia en el retroceso

Hoy observo con ojos casi incrédulos los retrocesos que el hombre sufre por creencias impuestas por la religión. En casos como este -que muchos llaman extremos y aislados- queda demostrada la poca conciencia que tiene el hombre de sí mismo, además del sometimiento que es capaz de dar a él y su familia.

El artículo que apunta este LINK es de el diario El Mercurio y grafica uno de los peores retrocesos que ha sufrido el ser humano: aquel ligado con sus creencias religiosas y cómo las contraponen incluso a los principios naturales de la vida.

La niña de 12 años, que sufre un cuadro de anemia aguda, permanece actualmente en la Unidad de Tratamiento Intensivo en el hospital regional de Iquique, por no poder realizarse una transfusión de sangre. Las transfusiones de sangre se concretan en un marco reconocidamente estudiado por la medicina y el riesgo de realizarlas es bajísimo. Aún así, la pequeña de 12 años no puede realizarse una, porque sus padres -y por tanto, ella misma- pertenecen a los "testigos de Jehová".

Los testigos de Jehová, en casos como este, demuestran ser más que una religión. Demuestran ser una secta, independiente de su proselitismo. Una secta que atenta contra los principios del hombre, y en este caso, atenta contra su vida, ya que no permite ningún tipo de transfusiones de sangre, acto que podría salvar la vida de la pequeña.

Su padre, un hombre retrógrado y seguramente de baja educación, se sostiene a la base de sus creencias dejando que su hija permanezca en estado de gravedad a pesar de existir una solución simple que pueda al menos momentáneamente mejorar el cuadro.

"nuestra religión nos dice que no podemos ingerir sangre ni tampoco la transfusión de sangre".

No tengo nada más que agregar, sacar las conclusiones yo mismo sería repetir en vuestros cerebros algo que seguramente ya saben. Ojalá que "su dios" la salve, o no se lo perdonará jamás.